Se encontraron en el aeropuerto, ella en minifalda y
tacones, como manda la Haya, él apoyado en un descapotable negro y con un
pitillo en la boca. Uno de esos momentos en los que si hay una fuga de gas
cerca, todo hubiese saltado por los aires.
Se montó en el coche y le susurró algo al oído, en otro
idioma, quizá era en esquimal, una mirada adorable y unos bonitos ojos verdes,
no fue necesario decir nada más.
Se dirigieron al hotel, una habitación normal, una cama, con
unas sabanas negras demasiado bien planchadas, una mesa y muchas paredes, se vació
los bolsillos y dejó el Zippo en la mesita, en la de la izquierda, en algún
momento sería necesario, o no.
Encendió la radio, justo en ese momento comenzaba “London Calling” suena mucho últimamente ¿Casualidad?
Serán las olimpiadas…